Necesito que leas novelas gráficas

📅 Noviembre 10, 2025

⏰ Tiempo de lectura aproximado12 min.

(A continuación encontrará unos párrafos autobiográficos: si estás apurado, podés saltar al apartado “Hablemos de novelas gráficas”).

Somos cuatro hermanos que vivimos nuestra infancia en una casa con un gran patio, gallinas, patos y algún otro animal de granja, en un tranquilo barrio de una ciudad del llamado cordón industrial, en Argentina. Poco había para hacer en las siestas, más que subir a los árboles, revisar las herramientas de mi papá y desarmar algún electrodoméstico.

Para evitar el ruido y poder dormir la siesta tranquila, mi mamá nos dejaba ir a la biblioteca. Aunque seguramente sus motivos eran nobles: abrirnos una puerta a la cultura y a la posibilidad de fantasear con otras realidades, también se aseguraba un poco de descanso y paz mental. La biblioteca de mi ciudad era pequeña, pero bastaba para saciar nuestro apetito por novelas de aventuras y viajes, como los libros de la Biblioteca Robin Hood o aquella colección de tapas amarillas de la Colección Billiken de Literatura Juvenil, que incluía clásicos como Corazón de Edmundo de Amicis, La isla misteriosa de Julio Verne o Veinte mil leguas de viaje submarino. Aunque yo no tardé en pasarme a unos tomos encuadernados en piel marrón que escondían tesoros de la literatura alemana, mientras mis hermanos prefirieron libros como El tercer ojo o El cordón de plata.

Allí comenzó mi vínculo con las bibliotecas. A veces las frecuenté muchísimo, y otras no tanto. Cuando estudiaba en la universidad y vivía a una hora en autobús de la facultad, la Biblioteca Argentina y la de la facultad de  Letras, en Rosario, se convirtieron en refugios donde pasar las horas entre asignaturas. Leer, almorzar, y —por qué no— apoyar la cabeza entre los brazos un rato para descansar.

En mi trayectoria de lectora, los libros “raros” siempre me llamaron la atención. Esos volúmenes que creo que se llamaban álbumes, o revistas con más páginas que las habituales, como Selecciones, que reunían dibujos, manuales de instrucciones, fotos… en fin.

Cuando ya me pude comprar libros y tal vez por falta de tiempo, dejé de lado las bibliotecas.

Uno de los primeros libros raros que tuve fue Último round, de Cortázar (Editorial RM), cuyas páginas están literalmente divididas en dos e incluyen dibujos. También La vuelta al día en ochenta mundos (Siglo XXI), en dos volúmenes ilustrados de formato pequeño ,ahora que lo pienso, parecido al de Selecciones, es una delicia total.

Un día me encontré en una librería con unos libritos pequeños , algo siniestros, de la editorial Zorro Rojo: los libros del ilustrador  Edward Gorey. Esa editorial tiene una serie de clásicos de la literatura universal versionados por ilustradores. Así conocí al artista Atak (Georg Barber), quien ilustró El forastero misterioso de Mark Twain, cuya tapa plateada y personaje bello y seductor se convirtió en uno de mis libros preferidos. Poco a poco, fui conociendo más autores y libros ilustrados y, finalmente, novelas gráficas.

🎁 Aquí quiero llegar: 

Necesito que las leas, que las conozcas, que las regales, que sepas de ellas, si es que aún no lo has hecho. ¿Por qué?

Para salir del adormecimiento de ver reels de gente que se corta el pelo, ¡por favor!, mientras estamos mirando TikTok, en el mundo están pasando cosas horribles. Y no es que crea que eso cambiará si lees novelas gráficas, pero sí creo que pueden enriquecer tu forma de mirar, ampliar tu sensibilidad o, al menos, ofrecerte una pausa lúcida en medio del ruido mental.

Como me imagino lo que podrían decirme de esta recomendación, me anticipo y te digo: no hay excusas. ¿No tienes tiempo? El tiempo de lectura no será igual al de una novela tradicional o un libro de ensayos. ¿Estás muy quemado cuando sales del trabajo? Te aseguro que te van a despabilar, a refrescar. ¿No tienes dinero para comprarlas? Las bibliotecas públicas, tienen colecciones increíbles. ¿“Eso es para niños”? Necesito decirte que no son solo para niños o jóvenes, y que no se trata de superhéroes.

📖 Hablemos de novelas gráficas

Tengo la teoría de que los libros te encuentran en el momento justo. Muchas veces tengo la sensación de que estas lecturas cuentan lo que me pasa mejor de lo que yo podría hacerlo.
Pero, ¿qué son las novelas gráficas?
¿Son cómics más largos?
¿Son libros ilustrados?

No me interesa tanto cómo se definen académicamente. Sé que a algunas personas del medio no les gusta el término “novela gráfica” porque es una categoría que las editoriales o las distribuidoras encontraron para poder acomodarlas en las estanterías. Tal vez una de las diferencias con un cómic tradicional es que suelen ser  autoconclusivas. 

Se dice que son lecturas más “livianas” o que se leen rápido, que son pasatistas, lo cual no tiene nada de malo: creo que es preferible hojear un libro a estar scrolleando sin ton ni son por horas. Considero que muchas de ellas son profundamente complejas, sensibles y, sobre todo, contemporáneas. 

Son una especie de ornitorrinco, muy simplificadamente diría que:

  • Del libro ilustrado, toman la combinación de texto e imagen.
  • Del cómic, la secuencia y los recursos gráficos.
  • Del cine, el ritmo, la cadencia y los planos.
  • De la literatura y la crónica, la capacidad de enredarte en una buena trama y construir un artefacto con un poder de inmersión descomunal.

¿Los géneros? Hay diarios de viaje y guías de ciudades, historias autobiográficas y biografías; muchas sobre conflictos bélicos o historia, y otras realmente descabelladas, que no sabría cómo contarte de qué van. Algunas incluso fueron llevadas al cine. 

De Persépolis a Heimat: algunas recomendaciones

Al comenzar a leer novelas gráficas lo hice por lo que se consideran “clásicos”, aunque debo decir que principalmente elijo aquellas que me gustan por cómo están dibujadas, y también las que recomiendan ciertas personas de quienes valoro mucho su opinión.

📖 Uno de estos clásicos fue Maus, de Art Spiegelman (publicada originalmente entre 1980 y 1991).

Se considera el primer libro que da nombre al género de novela gráfica, alejándose de la clásica temática del cómic de superhéroes. Maus narra el Holocausto a través del relato de Vladek, padre del autor, un sobreviviente polaco de Auschwitz. El dibujo representa a los judíos como ratones y a los nazis como gatos, desarmando con crudeza los estereotipos del cómic clásico. En lugar de víctimas idealizadas, Spiegelman muestra a su padre con todas sus contradicciones, su fragilidad y sus decisiones difíciles. En paralelo, como subtrama, muestra la relación tensa y afectiva entre padre e hijo, ambos atravesados por la historia principal. Una novela gráfica desgarradora.

📖 Persépolis, de Marjane Satrapi (publicada entre 2000 y 2003). Autobiográfica, cuenta la infancia y juventud de la autora durante y después de la Revolución Islámica en Irán. Con un trazo sencillo en blanco y negro, narra el exilio, la represión, la vida de las mujeres bajo el régimen fundamentalista, y también las contradicciones personales al crecer entre dos mundos, el de su Irán natal y el de la Francia donde se exilió. Leerla hoy, con el contexto de los conflictos actuales en Medio Oriente, la vuelve aún más relevante.

Luego, gracias a recomendaciones, llegué a Julie Doucet (Cómics 1986–1993). Si bien no es una novela gráfica, este libro reúne tiras con un estilo punk, confesional y un dibujo enrevesado, cargado de detalles. Una dibujante hablando de temas personales, ¡incluida la menstruación!,en los años 90, abriendo el camino para tratar ciertos temas que antes no eran habituales en los cómics, que luego continuarían  otras dibujantes como la colombiana Power Paola y su libro Virus tropical

Aunque contado así suene bastante lineal, por supuesto que no lo es. Es por esto que creo que son profundamente contemporáneas: artistas  de Argentina, Colombia, Chile, México, España, Francia, Estados Unidos, Italia, Canadá o Australia están tratando temas muy similares.

A esta altura, con muchas novelas leídas, tengo mis favoritas. Muchas son autobiográficas, reúnen archivo personal, investigación histórica y son visualmente increíbles.

📘 Heimat, de Nora Krug: narra la historia de su familia alemana en relación con el nazismo. Mezcla cartas, archivo personal e histórico, entrevistas, cuadernos escolares y una investigación tan rigurosa como íntima. Una joya.

📘 ¿Podemos hablar de algo más agradable?, de Roz Chast, narra la vejez de sus padres y cómo ella, como hija, los acompaña. Es un relato crudo y honesto, que combina dibujos potentes, líneas nerviosas, trazos temblorosos y un estilo aparentemente torpe o inacabado,  con fotos de la casa familiar y recuerdos de la infancia, sin ocultar el desborde emocional de su madre ni cómo eso afectaba a su padre y a ella misma.

En esta categoría podría mencionar Fun Home y ¿Eres mi madre?, de Alison Bechdel, o Esclavos del trabajo de Daria Bogdanska; o Los incorregibles. De cómo dejé de beber en Nueva York, de Julia Wertz.

📘 Otra de mis favoritas totales es Ana Penyas, con Todo bajo el sol o Estamos todas bien. Investigación urbana, memoria visual, obra artística. En sus trabajos aborda la ciudad, el feminismo y la memoria, todo con un dibujo realmente cautivador. Utiliza la técnica de la transferencia, uno de sus sellos personales. Digo “uno” porque creo que las temáticas y los encuadres son lo que más la distingue. Pensando en historias de mujeres, recuerdo que hay obras que abordan la violencia sistémica contra las mujeres como Hierba de Keum Suk Gendry-Kim , Cocoon de Kyo Machiko , o las obras de Satrapi que ya mencioné.

Me gustó muchísimo la obra Un barbero en la guerra, de María Herreros, donde recupera los diarios de su abuelo durante la Guerra Civil española, un documento que forma parte de la memoria histórica, donde la autora entrelaza cartas que su abuelo  le envió a Rosa, su futura mujer, con los extractos del diario y con los recuerdos que la ilustradora tiene de su abuelo durante su infancia y adolescencia en los que podemos ver cómo la guerra se quedó marcada en su forma de ser.

Pero cuidado, que también está Simon Hanselmann y su Café romántica, un autor australiano que te hace cerrar el libro por lo bizarro… pero es tan atrapante el dibujo, que no podés abandonar a ese grupo de amigos divertidos, deprimentes y casi siempre desagradables.

Además de todo esto, creo que también pueden ser un gran material de apoyo para leer junto a jóvenes. Existe un género llamado coming of age, que trata justamente sobre el paso a la edad adulta, puedes acercarte a Chucrut de  Ana Sainz Quesada.

 ¡Ay, no sé cómo voy a dejar de hablar! Y no nombre a María Luque, a Sole Otero.  Tal vez solo debas ir a mi archivo… y ver cómo se va construyendo.

🧠 Una forma distinta de narrar

¿Por qué te llevan de una página a otra, casi sin poder soltarlas? Hipnotizan, cautivan, te atrapan.

Primero: Muchas de estas novelas rompen con la narrativa tradicional y nos hacen reflexionar en cómo nos contamos las historias, incluso las propias. Como en los relatos de Raymond Carver, la vida no siempre tiene un arco argumental con la presentación de un personaje, un héroe, su desarrollo y su cierre. A veces, simplemente “no pasa nada” en términos de trama convencional, pero esos momentos pueden estar  cargados de tensión, emociones soterradas y decisiones suspendidas. 

Segundo: en muchas de ellas, no hay personajes “buenos” o “malos”. Hay personas que hacen lo que pueden y que llevan su vida de la mejor manera . Para entender esto recomiendo Todo es inflamable de Gabrielle Bell.

Tercero: aunque parezca que se leen “rápido”, eso se debe al ritmo visual —como en el cine—, al uso del color (o su ausencia), a los planos, los silencios. Todo cuenta. “El medio es el mensaje”, decía McLuhan, y acá cobra total sentido.

Por esto muchas veces es difícil hacer una sinopsis: estas obras nos invitan a desplazar la atención de lo argumental para pensar en narrativas más simbólicas —no simplemente alegóricas—, a atender la línea, el trazo, la simbología de los colores y los referentes en la historia del arte visual, el cine y la música.  Acercate a La Isla de Mayte Alvarado o Por culpa de una flor de  María Medem.

Cuarto: y lo menos evidente, pero fundamental: el tiempo y la dedicación de los artistas para construir estas piezas. Muchos trabajos están hechos a mano, página por página, como Heimat o Todo bajo el sol, con procesos de archivo e investigación impresionantes.

Algunos artistas realizan parte de la producción en residencias, para poder “internarse” y concentrarse únicamente en dibujar. ¿Conocen la residencia de Angoulême, en Francia? En algún momento podría contarles sobre esos espacios donde se cocina gran parte de la magia de estas obras.

📂 Un archivo para compartir

Estoy en pleno proceso de armado de  un archivo con las novelas gráficas que leí: año, autor/a, país, editorial, una breve sinopsis, links a entrevistas o reseñas. Mi idea es que sea útil para lectores o curiosos del género.

Creo que hay mucho por leer, por conocer, por deleitarse. Me parece una forma interesante de acercarse tanto a la lectura como al dibujo.

Espero que este tema te interese y te acerques a estos libros. Para mí, fue un viaje de ida.

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